Posteado por: entremildudas | diciembre 13, 2009

El niño.

Ese niño siempre me inspiró una mala sensación. Ojos azules, muy intensos. Tenía el pelo negro azabache. Era pálido, demasiado. Cuatro o cinco años a lo sumo. Aquel niño tenía la costumbre de reír siempre con una media sonrisa, de las que no sabes si se ríe de ti o contigo. Siempre rondaba mi casa y mi barrio. Era el hijo de unos vecinos.

La noche de autos hacía frio, pero no demasiado. Salía de mi casa para dar una vuelta por Sevilla. Me monté en mi coche. Tenía prisa porque me esperaban, y llegaba muy tarde. Abrí desde el vehículo la puerta de mi cochera, con el mando a distancia.

“grrrrriiiiissshshshhshshhskkkkkk´´-La puerta cada día sonaba peor.

-La puta de la puerta…-Protesté para mí mismo.

Al abrirse, al otro lado, sólo niebla, muy densa. La cercanía de un arroyo produce todas las noches esa niebla. Comencé a salir. Mientras encendía un cigarro. La primera calada fue profunda.

-¡Coño!-Ya estaba el niño allí. En mitad de la calle. Seguramente vendría de casa de algún amigo. Me inspiraba terror. Tanto, que del sobresalto el cigarro acabó en la alfombrilla del coche.

El niño no se quitaba de mi camino. Le hice ráfagas. Me puse nervioso. Toqué el claxon. Nada, que no se quitaba. Bajé la ventanilla.

-¡Joder!  Quítate de en medio de una puta vez.

-Hola Dani- El niño tenía una asombrosa voz de pito.

El niño no se quitaba. Tampoco quitaba su sonrisa doblada. Me bajé del coche. Lo levanté, y lo llevé a la acera.

-Vete para casa, ten cuidado.

-Ten cuidado tú- Siempre tan misterioso.

-Bueno, mejor que tengan cuidado de mí- Me volví, quería irme ya, que tenía mucha prisa, como te contaba antes.

Reanudé mi camino. Retomé el vicio del tabaco con tranquilidad. Llegué a la puerta principal de mi urbanización. Había otra puerta automática. Pulsé el botón de otro mando a distancia. Se abrió lentamente. Avancé con el coche. Pasé un primer badén, luego el segundo. Entonces vi de nuevo al niño, entre la niebla. Con esos ojos azules tan brillantes, por la luz de mi coche.

-La ostia…no puede ser…-Esta vez se me volvió a caer el cigarro a la alfombrilla, pero no era capaz de volver a recogerlo. No había manera posible de que el niño llegara antes que yo. Lo dejé allí atrás.

Me asusté. Pisé el acelerador a fondo. Pasé por el lado del niño, esquivándolo. Para ser sinceros demostré mi habilidad al volante en ese momento. Pero…Pero luego…No recuerdo nada…

Me desperté en el hospital. Todo lleno de tubos. De líquidos.  Pregunté a mis padres que había pasado. Me contaron que al salir de la urbanización, e incorporarme a la carretera, colisioné con otro coche. Me había salvado por los pelos. Pregunté por el niño, y conté lo que sucedió. Mi padre me respondió: “¿Qué niño?´´. Ese niño no existía. Nunca había existido. Durante muchos años lo había estado viendo casi a diario por la zona. ¿Era fruto de mi imaginación?.

AVISO: La historia es irreal, lógicamente, pero el niño existe, no pongo el nombre por respeto. Y es así de misterioso. El lugar también existe.

Gléz-Serna


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