Posteado por: entremildudas | diciembre 21, 2009

Es posible matarse a besos…

Julia era lesbiana. Para llevar a cabo sus crímenes, elegía  sólo a hombres. Era sutil en su modus operandi. Extravagante  y original en su modo de actuar. Tenía un preparado en su pinta labios, la víctima tomaba alcohol antes de besarla, y  se desvanecía  pocos minutos después del beso. Normalmente aprovechaba para robarles. La policía se volvía loca buscándola. Pero Julia usaba pelucas, tintes, y maquillaje para camuflarse. Julia era camaleónica.

Aquella noche, no quería robar a nadie. Julia necesitaba llevar a cabo una venganza. Pretendía asesinar a Roberto, el culpable de su odio al género masculino. Roberto había sido profesor suyo. Un día, en su juventud, tras una clase  la violó, la tocó. Julia no descansaría hasta cumplir sus planes.

En el local, la música ensordecía. Buscó a su objetivo, allí estaba. Roberto bebía una copa con unos amigos. Estaba bebido. No hacía falta incitarle a beber, para que hiciera efecto el veneno. Julia se apostó cerca. Comenzó a seguirlo con la mirada, para que el otro se diera cuenta de un supuesto interés. Julia tenía el poder de la seducción.  Sabía lucirse. Escote único, inigualable. Mirada picarona. Ojos sensuales.

Julia extrajo un cigarro de la pitillera. Tenía la escusa perfecta, pedir fuego.

-Perdona…¿Tienes fuego?- Preguntó a Roberto

Roberto le dio fuego. Mientras encendía el cigarro, Julia miraba fijamente los ojos de aquel. Tentándolo para que quisiera hacerla suya. Exhaló el humo. Seguía mirándolo. Al ver que el cabrón de Roberto no se inmutaba, estaba embobado, ella decidió dar el paso.

-¿Te apetece dar una vuelta?

-No me importaría…-Roberto reaccionaba- Tienes unos labios perfectos…

-Gracias…

-Perfectos para chupármela…- Roberto seguía siendo tan cerdo como antes. Tan desconsiderado.

Julia forzó una sonrisa. No podía permitirse un error. Fracasaría si se notaba el asco que le transmitía aquel cerdo. Julia hizo el esfuerzo de agarrar  la mano de  Roberto, y conducirlo hacia el exterior del local. Afuera, se dejó guiar por Roberto. Le interesaba que la llevara a su coche, sería el escenario del crimen.

Una vez entraron en el coche, comenzaron a besarse. Julia se sentía por momentos reconfortada. Le besaba con ímpetu, como nunca se imaginaría, tras tantos años con sed de venganza. Por una vez, no sintió asco al besar a un hombre. Puesto que estaba dando el beso de la muerte. Julia haría justicia. Lo besó con pasión fingida. La venganza se estaba llevando a cabo. Tenía que seguir manteniendo el papel unos minutos, mientras hacía efecto el veneno. Mientras, más lo besaba, para asegurar su muerte. Pensaba en el gargajo que le escupiría en la cara cuando terminara. Esa sería su rúbrica. Comenzó a notar que Roberto no respiraba bien. Ya hacía efecto.

-¡Me ahogo!- Roberto se llevó las manos al cuello. Parecía que se estuviera estrangulando a sí mismo. No entendía que le ocurría. Intentaba respirar, pero el aire no pasaba. Julia se separó de  él, se sentó en el asiento del copiloto, y encendió un cigarrillo. La actuación comenzaba, era la hora del baile.

Roberto se introdujo los dedos en la boca. Buscaba lo que fuera que le oprimía la garganta, ignoraba que era por la inflamación producida por el veneno. Cada vez  le costaba más respirar, ya no podía hablar. El tiempo parecía que se había detenido. Miró a la otra. Asustado de veras. Julia cogió las llaves del coche del bolsillo de Roberto, y bloqueó las puertas. Sonrió, Roberto se asustó aún más. Cuando Julia se quitó la peluca, la reconoció. Se dio cuenta que estaba sufriendo la venganza de Julia. Se percató de que estaba pagando el precio de aquel acto del pasado.

Roberto intentó abrir el coche, inútilmente. No tenía escapatoria. Miró a Julia de nuevo, ya no tenía fuerzas para continuar luchando. Le faltaba aire. Se acomodó en el asiento. Cada vez se movía menos. Los ojos medio cerrados. Sentía que perdía la conciencia. Le quedaban segundos para morir. La vista se nublaba, pero vio como Julia se incorporaba, daba una calada al cigarro, y le escupía aquel gargajo prometido,  a la cara. Roberto intentó darle un manotazo, pero apenas movió la mano unos centímetros. Roberto perdió la conciencia. Julia se apeó del coche, con tranquilidad se marchó. Se había quitado un peso de encima, una deuda consigo misma. Pero sobretodo, Julia nos confirmó que es posible matarse a besos…

Gléz-Serna


Responses

  1. me ha gustado toda la narración. Como siempre sabes llevar el hilo de la historia.
    esta vez no me ha convencido el final del todo.

    Saludos.

  2. Interesante escrito… Saludos!


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