Posteado por: entremildudas | diciembre 26, 2009

Javier y yo…

Fue una noche especial para mí. En los comienzos de todo. En el comienzo de mi vida.

Quedé con Javier, en su casa. Sus padres se habían ido de fin de semana. Dos adolescentes. Menores de edad. Las primeras veces siempre las recordamos de por vida, nos la marcan. Un momento de descubrimientos. Al principio, pensamos que descubrimos algo maravilloso. Al final, nos damos cuenta que sólo descubrimos decepciones, males, enfermedades del alma, es decir, el desamor…

Como te contaba, fui a pasar la noche a casa de Javier. Compañero de clase y amigo. Cenamos unas pizzas. Bebimos alcohol, demasiado quizás. En ese entonces, no bebía para ahogar mis desgracias, bebía porque me daba el valor que no tenía. Pusimos en la radio un disco de música. Pusimos a Fangoria, para que voy a negarlo. Éramos dos maricones  descubriendo el mariconeo. Cantábamos a dúo. Lo pasábamos genial.

Entonces, decidimos ir un poco más lejos. Fuimos al dormitorio de su hermana. Dispuestos a ponernos sus ropas. Elegimos la que más nos gustó. Un principio de travestismo. Un juego divertido. Nos pintamos con su maquillaje. A mí nunca se me dio bien el maquillaje, pero Javier podría haber sido un magnifico maquillador. Estábamos divinos, preciosos. Volvimos al salón.

Bailábamos sin parar, embriagados por el ron. Fue entonces cuando surgió. Siguiendo la canción, nos acercamos el uno al otro. Nos dimos un pico. Luego nos dimos un beso, tímido primero y  desvergonzado después. Nos producía morbo liarnos vestidos de mujer. Era interesante. Un descubrimiento terrible.

Acaricié aquel culo, joven e indefinido aún. No teníamos un cuerpo totalmente varonil, estábamos en pleno desarrollo. Esa edad en la que parecemos pequeños hombres. La edad de los primeros amores.

Palpé unos pechos inexistentes. Comencé a desnudarlo. Me pidió que parara. Javier propuso hacer el amor vestidos de mujer. Sinceramente transmitía cierto morbo, cierta curiosidad. Yo no sabía que Javier se sentía atrapado en un cuerpo que no era el suyo, años después se cambiaría de sexo.

Fue divertido subirle un poco la falda. Más aún lo fue bajarle el tanga, robado a su hermana. Teníamos el cuerpo manchado de pinturas de labios, de los besos del otro. Cuando le penetré, Javier se arqueó por el gozo. Inconscientes, ni siquiera usamos condón. Javier se dolió un poco, estaba nervioso, y perdía su virginidad anal conmigo. Tuve ese gran honor. Le aferraba las cinturas, con fuerza, pero penetraba con cuidado, mirando por mi amigo. No pretendía que lo pasara mal. Pretendía que lo pasara fenomenal. Y desde luego, lo pasamos genial…

Borrachos, nos quedamos dormidos, en su cama. Estábamos abrazados. Si alguien se hubiera asomado al dormitorio, hubiera visto a dos jóvenes que se querían. Jóvenes unidos por el amor de la amistad. Una amistad especial. Dos jóvenes inconscientes del dolor que tendrían que sufrir en sus vidas, el dolor del amor. Pero un dolor aún mayor que el común. El dolor de amar a cuerpos como el suyo. Seres condenados a vagar en busca de un amor soñado. Un amor incomprendido por los demás. Pero un amor mucho mejor que el del resto…

Gléz-Serna


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: