Posteado por: entremildudas | diciembre 26, 2009

La pornochacha

El viejo contrató una pornochacha por su cumpleaños. Cumplía ochenta años. Estaba inválido. Unos amigos le recomendaron esa experiencia. Ya  que no podía follar, se daba al placer de la vista. Trabajo cómodo para la muchacha. El viejo, en su juventud, se la habría follado con virulencia.

La pornochacha entró en la habitación. Vestía  un uniforme muy sexy, simulando el de asistenta del hogar. Su minifalda dejaba a la vista el comienzo de su culo. Los muslos desnudos, salvo por una liga blanca. Llevaba en la mano un plumero, rojo intenso. La verdad, estaba muy bien dramatizada, perfecta para dejar volar la imaginación.

La mujer pasó el plumero por el rostro del viejo. Simulaba limpiarle el polvo. El viejo acercó la mano al culo de la otra. Palpó con fuerza aquel culo. Había tocado infinidad de ellos en su larga vida. Temía infartarse mientras la otra bailaba para él, en intimidad. Aunque no pudiera follarsela, esperaba con fuerzas una mamada. Algo es algo. Y el viejo presumía de que su miembro aún era fuerte y viril. Esperaba que le limpiara el polvo de la entrepierna. Perfecto regalo, para su ochenta cumpleaños…

Gléz-Serna


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