Posteado por: entremildudas | diciembre 30, 2009

Esposas

 Me llevé a mi cama a aquel ligue. Uno de tantos. Los amantes estábamos desnudos. Prometía la noche. Le besé. Le pedí que se diera la vuelta, tumbado boca abajo. Me puse sobre él, acerqué mi sexo a su culo. Lo paseé por la raja de su trasero. Lo acerqué a su orificio de la pasión. Le vendé los ojos. Sin que se diera cuenta, extraje unas esposas de mi mesita de noche. Le acaricié los brazos. Le puse una mano sobre la espalda, luego la otra. Le esposé rápidamente. Mi amante hizo un gesto reflejo, de defensa. Era demasiado tarde. Ya era mío. Le quité  la venda. Le di la vuelta, ahora estaba boca arriba. Le besé y conté sus lunares, del tiempo que dediqué a conocer su cuerpo. Se la chupé, mamé, lamí y relamí. Cuando se corrió lo puse otra vez boca abajo, dispuesto a morder la almohada. Se la metí. Caté aquel precioso culo. Mordí su hombro. Disfruté corriéndome en su interior.  Intercambiados nuestros flujos, me tumbé a su lado. Descansé.

A los minutos, me pidió que lo liberara. Le dije que por supuesto. Cogí la llave, tenía forma de corazón. La introduje en la cerradura. ¡Clak!. El corazón se quedó en mi mano, yo me quedé blanco.

-¡Me cago en la puta!-Exclamé

Pero por mucho que me cagara en la puta  no tenía nada para cortar las esposas, además eran de las buenas. No podía liberarle, tuve que llamar al cerrajero…

Gléz-Serna


Responses

  1. ¿Qué habrá dicho el cerrajero? ¿Muy buenas esposas?


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