Posteado por: entremildudas | diciembre 30, 2009

La tormenta

La tormenta era fuerte. La luz de los relámpagos iluminaba el dormitorio, como si de un flash se tratara. Brrrrruuuuuum. Sonaban los rayos muy cercanos.  Caían de manera inusual. En la cama, sólo iluminados por la tormenta, una mujer tumbada, encima, su marido. Follaban con furia. Los jadeos eran sordos, no querían despertar a los hijos. Brrrruuuuuum. Amores escondidos, amores ocultos. Brrrruuuuuuum.

El niño se despertó, estaba asustado. Bajó de su cama. Salió de su dormitorio. Recorrió el pasillo. Fue a abrir el dormitorio de sus padres. Ñic, Ñic, Ñic, Ñic,Ñic. Un extraño ruido le asustaba. Eran los muelles de la cama. Ñic, Ñic, Ñic, Ñic. El niño temía abrir y encontrarse algún monstruo. Sólo abrió un poco, lo justo para acercar su ojo. Ñic. Ñic, Ñic. Brrruuuummmm. ¡Oh sigue, sí!.  Ñic, Ñic, Ñic. El niño no se atrevía a abrir más la puerta. No podía discernir nada. No se atrevía a acudir junto a sus padres, tenía miedo de la tormenta. Cerró rápido pensando en uno de sus temidos monstruos, sin miramientos. Los ruidos cesaron. ¿Le habrían oído sus padres?

Gléz-Serna


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