Posteado por: entremildudas | enero 15, 2010

Sexo en la obra

Amanecía. Fue un Lunes. Odio los Lunes, durante ese día sólo pienso en el tiempo que aún queda para el fin de semana. Llevaba un paquete en mis manos. Entré en la obra. Era un lugar curioso, era un histórico palacio, y sólo habría unos veinte albañiles. Uno de ellos tenía la costumbre  de acercarse a mí. Solía darme un beso en las mejillas, entre bromas. Yo le seguía el juego. Muchas veces me cogía el culo, por supuesto yo también a él.  Estaba muy bueno. No le había hablado de mis gustos, y si  no bebo no tengo pluma, así que siempre dudé si lo hacía de broma o con segundas. La cosa es que yo me dejaba hacer, para aprovecharme de él.

Aquel Lunes hacía frío. Andaba por los salones del palacio. Mis pasos hacían eco. Entonces, me encontré con el albañil.

-¡Lolo!

-¡Mi Dani!

Nos acercamos el uno al otro. Empezó a cogerme el culo. Yo a él. Nos dimos un beso en las mejillas.

-Lolo, pero que guapa estás hoy…

-Ains…No me digas esas cosas, Dani, que con este frío que hace…

-Jajaja. Además, con lo grande y sólo que está esto nadie nos vería…

En ese momento nos dimos cuenta de la oportunidad que se nos presentaba. Un polvo mañanero, para aliviar el Lunes. Nos metimos en una habitación muy singular. No puedo decir de quien iba a ser el despacho, cuando finalizara la obra. Nos quitamos a medias el uniforme, dejando nuestros torsos al aire. Le acaricié los pectorales. Lolo estaba muy definido. Nos besamos. Nos dejamos caer sobre el escritorio de caoba. Gemí de placer cuando me penetró.  Lo hacía muy bien.  Sentía como mi ano se abría recibiendo la polla de Lolo. La sentía dentro. Me daba mucho placer saberme suyo. Pero más placer me daba follar en aquel lugar tan importante.  Las manos de Lolo me acariciaban mientras me petaba. Tenía callos en las manos, eran manos bastas y trabajadas.  No estoy acostumbrado a caricias tan rudas, me gustó.  Sudábamos. Estábamos mojados. Me faltaba el aire. El coito parecía que era infinito, interminable. Finalmente se corrió, en mi interior. La sacó y se la guardó.

Nos incorporamos. Recompusimos nuestras ropas. Sentía aquel cosquilleo tan característico en mi culo, después de tan virulenta sacudida. Nos reímos. Le entregué el paquete. Nos dimos dos besos. Nos despedimos hasta el día siguiente. Continué el reparto, pero ahora no estaba hasta los huevos por culpa de ser  Lunes…

Gléz-Serna


Responses

  1. Y así es como tiene que ser un Lunes (o cualquier día de la semana) para romper la rutina😀 muy… instructivo jeje

    • Qué razón llevas…xD. Ojalá todos los días fueran así.Jajaja

  2. jajajajajaj! lo has escrito!!! me imaginaba que iba a ser más tosco el relato. Incluyendo el ruido de la hormigonera como banda sonora del acto y tal. Pero en un palacio… esto es distinto, tiene más glamour, xddddd.

    pd: sé de qué palacio hablas, mala pécora!!! no tienes vergüenza ninguna…

    • Jajajaja. Soy mala, Pé.

      Quise darle un toque de glamour. Un coito con un albañil, en una obra…Y conmigo…Tenía que tener ser en ese despacho. Que cuando el señor que lo ocupe escriba en su escritorio no sea consciente de que yo he tenido el orgullo de follar sobre su mesa…algo vulgar y superficial con un toque de glamour…xD

      Un beso


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