Posteado por: entremildudas | enero 23, 2010

Sexo en el confesionario

Andaba por el centro de Sevilla. Había tomado cuatro o cinco copas. Tanto gin tonic a las cinco de la tarde no es recomendable. Y lo peor es que no tenía nada que hacer por la tarde. No quería aburrirme. Entonces vi una iglesia, estaba abierta. Entré.

Me dispuse a cachondearme de los curas, por su homofobia e hipocresía. Busqué el confesionario. Me puse de rodillas, postura que me encanta, que todo hay que decirlo.

-Padre…-Llamé al cura en voz baja.

-¿Si?

-He pecado…-Tenía la intención de infartar al cura contándole mis prácticas, enfurecerlo por mi bisexualidad, recochinearme de él. Una estupenda forma de pasar el rato.

-Cuéntame, hijo… -El cura abrió la celosía un poco. Pude ver su rostro. ¡Era guapísimo!. Un desperdicio de hombre. Tenía barba de tres días. Tendría venticinco o treinta años, algo más que yo.

-Verá, padre, es la primera vez que me confieso. Soy un vicioso. Soy alcohólico…

-Lo he notado por tu aliento, hijo…

-Fumo como un carretero…

-Lo huelo, apestas a tabaco…

-Soy adicto al sexo.

-¿Cuánto de adicto?

-Peco contra natura. Me pierde la sodomía. Soy maricón, padre, aunque también me pierden los coños. La lujuria en mí es tremenda. Mi hambre de sexo es insaciable. Es más, tengo un dicho: “Donde hay pelito, no hay delito´´.

-¿Y si no tiene pelo?- Me había tocado un cura cachondo, no parecía molestarse. La broma me salió rana.

-Padre, si no tiene pelo también  me lo follo…

-En las escrituras se dice que tenemos que amarnos unos a los otros, hijo. No es tan malo lo que cuentas…

-“Joder con el cura´´- Pensé. Liberal, progre, guapísimo. Tenía un polvo. ¡Qué digo uno, tenía miles, millones de polvos!. Una pena que se consagrara al clero. Los curas tenían que ponerse las botas a su costa, los cabrones.

-Hijo,  debes redimirte por ello. Si consuelas a este pobre cura, Dios te perdonará…

-¿Perdón?- No me creía lo que estaba escuchando. El cura me estaba haciendo una proposición sexual, en toda regla.

-Digo, que para obtener el perdón de nuestro Señor harías muy bien consolando a este humilde ministro de la Iglesia…

No contesté. Me levanté. Me dirigí  al otro lado del confesionario, a su habitáculo, era diminuto. Cuando entré el cura ya tenía el pantalón bajado hasta los tobillos y la sotana remangada. Yo me bajé también los pantalones.

-Padre, tiene usted una polla muy bonita…

-Eso dicen, hijo mío.

Me predispuse a comer esa linda polla. Pero el cura me detuvo.

-Hijo, así no.

Me hizo sentarme en el banquito que había. Sacó lubricante de un bolsillo, estaba preparado el hijo de puta. Me lubricó el nabo e hizo lo mismo con su culo. La escena era morbosa. Yo sentado en el banco, y el cura sobre mi polla. El confesionario rechinaba con los envites. Yo acompañaba sus subidas y bajadas con mis manos, agarrando sus nalgas. El cabrón follaba divinamente. De repente, se escuchó un ruido, alguien llamaba por la celosía. Una vieja se había reclinado para confesarse.

-¡Me cago en la ostia!-No pude evitar exclamar.

-¿Qué ha dicho, padre?-Preguntó la vieja. El cura se llevó un dedo a la nariz, ordenándome silencio.

-¿Qué ocurre, doña Ramiiiiira?- El cura seguía empalándose en mi polla, no podía evitar gemir.

-¿Se encuentra bien, padre?

-Es que me duelen las almorranas…

-¿Por eso se mueve tanto?

-Ramira, centreseeeee- La situación me puso a mil. El cura comenzó a pajearse.

-Padre, he pecado…

-¿Qué haaaaaaaaaaaa hecho?

-Anoche me masturbé, pero sólo un poquito…

-¡Por Diooooooooos! Ramira, que usted tiene ochenta años…

-Pero aparento setenta…Además, mi vecino es tan guapo…

-La entieeeeeendo- El cura me agarró una mano. La llevó hasta la cabeza de su polla. Se corrió sobre la palma de mi mano. Con la lefa en mi palma, no se me ocurrió otra cosa que llevármela a la boca. La degusté y tragué- Bueno, bueno, Ramiiiiiira, rece usted ciento cincuenta padrenuestros y doscientos avemarías, y váyase yaaaaaaaaaaaaa.

-¿Mejor trescientos de cada, no le parece?

-Como usted prefiiiiiiiiiiiiera…

La vieja se fue, pero yo también me fui. Disparé mi esencia en su interior. Impregné de semen su recto. Nos sentamos, descansamos. Me recompuse. Me incorporé para marcharme.

-Hijo, deberías darme algún donativo…

Le di un euro. Soy tacaño.

-Hijo, hay unas goteras que tapar…

Le di un billete de cinco.

-Y también hay que pintar…

Le di un billete de veinte.

-¿No tienes algo más?

-¿Padre, usted qué es, cura o puta?

Me fui sin esperar la respuesta.

Gléz-Serna

AVISO: Relato dedicado a la hipocresía eclesiástica.


Responses

  1. jajajajajaj, pero qué bueno es este relato!!!!!!! Puede incluso ser el que mas me ha gustado de todo lo que he leído por aqui. ^^

    Me dejas sin palabras: es sorprendente y te hace imaginar absolutamente toda la escena.

    Mi más sincera enhorabuena, Dani.

    • Millones de gracias superpé. Eres una gran fuente de inspiración para mis relatos…xDMuuuuuuaks

  2. Buenisimo! divertido y crítico. Ahora cada vez que vea a alguien dándole pasta a un cura me va entrar la risilla floja… y me va a venir la preguntita a la cabeza!

    Enhorabuena! Gracias por hacerme reir, que sacar risas y sonrisas es bastante complicado!

    Un saludo.

    • Oh!!Mil gracias annalammer por tu opinión. Es importante reir, así somos más felices. Sí, es un acto parecido al de la prostitución, hacer “favores´´ a cambio de dinero…xD

      Un saludo

  3. jajajajajaja que bueno!


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