Posteado por: entremildudas | agosto 16, 2010

Sexo, casi siempre…

Mientras Toni exploraba la oreja de Germán con un dedo el otro pensaba en lo tierno del momento. Los dos, tumbados en la misma cama individual mantenían un coqueteo más que curioso. Toni  pasaba la pierna sobre su amante, dejando su sexo morcillón reposando sobre el costado de él. Germán disfrutó de aquello, aumentando su placer palpando el culo del otro, de prietas nalgas, valorándolo. Era increíblemente apetecible. La voz de Toni era un susurro que sólo podía oír su amante, de una noche probablemente y si te he visto no me acuerdo. Habían creado la intimidad propia de los maricones que se acaban de conocer esa misma noche, es decir,  como si se conocieran de toda la vida.

¿Hipocresía de ambos? Más que probable, pero el caso es que aún siendo conscientes de ello continuaban pasando un momento genial.  Como buenos maricones que eran se dejaron querer como los seres despreciados y marginados que son. Sin importarles que quizá les pudieran ver desde el exterior del lugar siguieron con su juego de seducción. Sabían que ese juego tenía un final cierto, buscado tal vez “casi´´ siempre, el sexo. ¿Te he dicho que “casi´´ siempre, verdad? Esa noche no hubo sexo desenfrenado, descontrolado, sin valorar las consecuencias, es decir, esa noche no se repitió lo que “casi´´ siempre pretendían, sexo. Estaban a gusto, tocándose, hablándose en susurros, explorándose mutuamente, sintiendo la respiración del cuerpo contiguo. Sentían eso tan especial que sólo se disfruta cuando estás en la intimidad del sexo con alguien que te transmite tranquilidad y paz, aunque sólo dure un rato. El tiempo volaba y no pasaban de los preliminares.

¿Podía ser el resultado de una noche de alcohol? No, no habían bebido nada. No sucedía nada que impidiera que follaran como maricones desesperados. Podía ser que Germán no se decidiera, pero no era el caso, ni tampoco el de Toni. Ese muro divisor entre el sexo desenfrenado y el sexo sosegado era irrompible. Ambos lo sabían, derribar ese muro significaba que ese momento no pasaría de convertirse en un polvo más en las listas, algo extensas, de ambos. Por eso, para poder dejar ese momento convertido en un más que grato recuerdo acabaron durmiendo, simplemente eso, uno al lado del otro, abrazados y compartiendo el sueño. Así, maricones como Germán y Toni (y todos nosotros, a fin de cuentas…) es como podemos sacar fuerzas para continuar vivos en este mundo de basura que nos persigue sólo por ser maricones ideales…

Gléz-Serna


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