Posteado por: entremildudas | febrero 17, 2011

Reencuentro sexual…

Llevo mucho tiempo sin escribir, mejor dicho sin publicar en el blog. He dejado todo compromiso literario parado, no podía llevarlos a cabo, afrontarlos. La excusa oficial es la época de exámenes de mi estrenada carrera universitaria y tenía suficiente con los polvos entre Akhenaton y Nefertiti… No podía fijarme en mis propios polvos…

¿Quieres leer uno mis típicos polvos a los George Michel? Sí, en servicios públicos, en los de mi facultad… Estudio historia, como muchos de ustedes sois de la preciosa Hispanoamérica o de otras partes de España os explico que la facultad de historia de la universidad de Sevilla es la antigua fábrica de tabaco, donde se situó la maravillosa obra de Carmen de Prosper Mérimée, es viciosilla que todos y todas llevamos dentro, que por el día liaba puros con sus sudorosos muslos y por las noches lo que liaba con los muslos eran nabos desprovistos de amor…

Ya estáis puestos en situación, si habéis leído mis relatos sabéis que tengo mi lado salvaje siempre a punto, y entre esos muros donde la pasión y fogosidad impregnan cada ladrillo y que contagian a  cualquiera que entra por sus puertas…

Me estaba lavando las manos tras orinar, pensaba en un marinero al que me follé una vez, sailor en inglés, porque no sabía castellano el pobre. Menos mal que el lenguaje del sexo es internacional que si no me hubiera perdido más de una. Como estaba melancólico por culpa del cabrón del sailor puse mis ojos en un chaval que entró, lo miré. Mi mirada era descarada, primero a sus ojos, luego a sus labios y por último a su polla.

Yo tenía hambre de polla, hambre de sexo, hambre de carne en barra, tenia sed de semen, sed de champán, de burbujas pasionales recorriendo mi garganta hasta mi estómago. Necesitaba sentir de nuevo el liquido de la pasión mojando mis labios, recorriendo mi lengua lujuriosa antes de tragarlo. Imploraba por sentir mi boca llena por su polla, que su mirada lasciva me observara desde arriba mientras yo termino mi labor allá abajo, donde el decoro y la bondad pierden el nombre y se convierten en lujuria y desenfreno. Requería que el tiempo se detuviera durante unos minutos, sin pensar en nada y sólo en lo que entretenía mi boca.  Sus cojones llenaron mi boca durante unos segundos que fingí comérmelos, mascarlos, degustarlos… Recorrí con mi lengua su falo, como con tantas otras pollas…Lástima que cuando mi lengua llegó a la cabeza de su nabo soltó su premio, el mío, semen que volvió a mi lengua y que tragué…

Gléz-Serna


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